Favorecer y suscitar la conversión
La conversión, punto de partida y núcleo unificarte del dinamismo de la fe, pertenece al ámbito del primer anuncio. Sólo quien desea de corazón convertirse (=volverse hacia el Dios vivo) puede entrar de lleno en la acción catequizadora de la Iglesia.
Pero no se puede pensar que todos los que van a catequesis en nuestro contexto cultural ya tiene una opción de conversión. La catequesis debe preocuparse, no sólo de alimentar la fe, sino también de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, y de preparar a la persona para una adhesión global a Jesucristo.
La conversión no es algo puntual que se da de una vez para siempre. Es algo que reaparece y se renueva especialmente en los momentos significativos de la vida. El mismo dinamismo de la fe lleva a replantear nuevas y más profundas conversiones, sobre todo en las etapas más significativas de la vida. Es el dinamismo mismo de la persona el que hace que ésta tenga una actitud de educación permanente de la fe, y que la catequesis de las etapas importantes de la vida sea un necesidad y una ocasión de suscitar la conversión.
Suscitar y hacer madurar las actitudes propias de la vida de fe
Es la tarea fundamental de la catequesis: la educación de las actitudes cristianas.
Las actitudes cristianas fundamentales son la fe, la esperanza y la caridad.
Educar la actitud de fe significa suscitar sentimientos de docilidad, escucha, y abandono en la palabra de Dios; llevar a la adhesión personal e incondicional a Jesucristo, con amor y confianza.
Educar la esperanza, como dimensión esencial de la actitud de fe, significa inculcar la confianza inquebrantable en las promesas de Dios, la espera de la salvación, la paciencia y la fortaleza. Es también arraigarse en un optimismo de base ante la historia y el futuro, pues nada es imposible para Dios.
Educar en la fe, informada por la caridad, significa llevarla a la perfección del amor, que es el mandamiento nuevo.
Llevar al conocimiento pleno del mensaje cristiano
La educación de la fe tiene también la dimensión noética. La catequesis tiene que promover y asegurar un conocimiento cada vez más profundo del misterio y mensaje de Cristo, objeto central de la fe.
No es que la catequesis se reduzca al aprendizaje de verdades y principios religiosos; pero, de la misma manera, hay que decir que la fe no es un grito del alma sin consistencia. El creyente está obligado a saber dar razón de su fe a quien se la pida.
Lo importante en una educación de la fe es el equilibrio entre el desarrollo cognoscitivo y la maduración de las actitudes de fe.

Tema muy interesante. buena explicación.
ResponderBorrarBuen tema Palencia, lo desarrollaste de una manera muy concreta.
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